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Algunos de los más esperanzadores descubrimientos acerca del mantenimiento de la fuerza y vigor juvenil son aquellos relacionados con el ejercicio. Es un hecho reconocido el que nuestros cuerpos están hechos para la actividad. Los huesos de las personas sedentarias se debilitan y pierden densidad. Es también sabido que un paciente hospitalizado que pasa largas horas en una cama se enfrenta a un alto riesgo de pulmonía, coágulos sanguíneos e infecciones del tracto urinario. El ejercicio puede prevenir numerosas enfermedades, incrementar el lapso de vida y mejorar la calidad de vida. Sabemos que el ejercicio puede reducir la presión sanguínea, bajar los niveles de colesterol, aumentar la proporción de músculo en el cuerpo y fortalecer el corazón. Recientemente los científicos han comenzado a notar una conexión entre la inactividad física y ciertos tipos de cáncer. Muchos de los males generalmente atribuidos a la vejez son en realidad el resultado de la inactividad y el debilitamiento muscular que ésta provoca. Este es el caso de muchos dolores atribuidos a la artritis que desaparecen cuando la persona que los padece se embarca en un programa de ejercicios destinados a aumentar su fortaleza y masa muscular
Gran parte de los efectos del envejecimiento pueden revertirse mediante el ejercicio, especialmente si éste es complementado con mejoras en la dieta. En esta obra los autores identifican diez marcadores o indicadores de la edad. Hasta hace unos pocos años se creía que estos marcadores sufrían un deterioro irreversible con la edad. Hoy sabemos que esto no necesariamente es así. Los diez marcadores o indicadores son: 1. Masa muscular 2. Fuerza 3. Tasa de metabolismo basal 4. Grasa corporal 5. Capacidad aeróbica 6. Presión sanguínea 7. Tolerancia de azúcar 8. Proporción de colesterol HDL (colesterol bueno) 9. Densidad ósea 10. Regulación de la temperatura corporal
Entre estos diez indicadores los primeros dos - masa muscular y fuerza - son los más importantes. En nuestra civilización la mayoría de las personas han perdido la mitad de su masa muscular y duplicado el total de grasa en su cuerpo al llegar a los 65 años. En los Estados Unidos el adulto promedio pierde unas 6.6 libras de lo que se conoce como "lean body mass" es decir la parte del tejido corporal que no es grasa (huesos, músculos y órganos vitales).
Los gerontólogos han encontrado que los músculos juegan un papel mucho más importante en la vitalidad de las personas que lo que anteriormente se creía. La cantidad de masa muscular y la fuerza son críticas, que desarrollando los músculos aun a edades avanzadas es posible rejuvenecer nuestro cuerpo y su funcionamiento. Puesto que la velocidad a la que se pierde masa muscular se acelera a partir de los 45 años de edad.
Con un programa de ejercicio adecuado se puede tener un efecto holístico, es decir sobre la totalidad del cuerpo. Una vez las personas aumentan su masa muscular y su fuerza los otros marcadores de la edad comiensan a mejorar. Mejoras la presión sanguínea, la tolerancia al azúcar. La habilidad del cuerpo para regular la temperatura también aumentó, también puede ayudar a mantener la flexibilidad de las arterias, evitando así el endurecimiento de éstas. Este endurecimiento de las arterias se consideraba hasta hace poco como una consecuencia inevitable del envejecimiento. Al ejercitarnos vigorosamente estamos también ejercitando las paredes de las arterias, obligándolas a expandirse para manejar el aumento en el flujo sanguíneo producido por el ejercicio y luego a contraerse al suspender el ejercicio. Posiblemente mientras más veces hagan esto mayor es la flexibilidad que retienen. Por otra parte, el ejercicio también provoca un aumento en la sudoración. Mediante ésta se elimina cloruro de sodio, un mineral que contribuye al endurecimiento de las arterias. El ejercitarse físicamente también puede ayudar a mantener y mejorar las capacidades de nuestra mente. 12 minutos diarios de ejercicio ayudan a hombres y mujeres a mejorar la memoria, razonar con mayor certeza e incrementar sus reflejos.
El ejercicio, para ser más efectivo, debe combinar los aspectos de entrenamiento de fuerza, resistencia aeróbica y flexibilidad. En la mayoría de los regímenes de ejercicio se enfatiza sólo uno de estos aspectos, especialmente los dos primeros. Como ya hemos visto ambos son sumamente importantes pero igualmente lo es el entrenamiento de la flexibilidad. La falta de flexibilidad corporal es uno de los principales problemas del envejecimiento. Esto es causado principalmente por el acortamiento y tirantez del tejido conectivo que se comienza a producir antes de los treinta años. El resultado final de esto es postura encorvada, dolores de espalda y piernas y caderas rígidas. El entrenamiento de flexibilidad en forma de ejercicios de estiramiento puede además de mejorar la flexibilidad, aumentar la fortaleza física, mejorar el tono muscular, hacer que nos sintamos mejor con nuestro cuerpo , mejorar nuestra apariencia, nuestra agilidad y energía. Además tiene efectos positivos sobre la circulación sanguínea. Es importante señalar que el ejercicio debe llevarse a cabo en forma regular y consistente. Llevar a cabo ejercicios sólo de vez en cuando o empezar un programa de ejercicios para luego interrumpirlo y posteriormente volverlo a comenzar puede ser perjudicial. Una razón para que esto sea así es que el ejercicio, a pesar de sus numerosos efectos benéficos, aumenta la producción de productos de desecho y radicales libres en el cuerpo que, como ya hemos visto, aceleran el proceso de envejecimiento. Sin embargo cuando nos ejercitamos de forma regular nuestro cuerpo aprende a adaptarse a estos radicales libres y aumenta la producción de sustancias que combaten los radicales libres. También se cree que el ejercicio regular hace que el cuerpo aprenda a utilizar y retener mejor los nutrientes con propiedades antioxidantes* que ingerimos. Las personas que se ejercitan regular y frecuentemente tienen una menor incidencia de varios tipos de cáncer tales como: cáncer de próstata, colon y seno que las personas que no se ejercitan. Al parecer el ejercicio moderado y regular incrementa la capacidad de las células del sistema inmunológico para atacar las sustancias invasoras de nuestro cuerpo incluyendo a las células cancerosas. En el caso del cáncer del seno se cree que el ejercicio ayuda al disminuir la exposición del seno a diversas hormonas. Esto puede ocurrir bien sea porque el ejercicio disminuye las variaciones en el nivel de hormonas que ocurre durante el ciclo menstrual de las mujeres o porque provoca cambios en largo del ciclo menstrual. Es aconsejable hacer ejercicio temprano en las mañanas cuando los niveles de contaminantes aún están bajos y evite pasar por lugares congestionados por vehículos de motor. Si siente la nariz tapada deténgase ya que esto es con mucha probabilidad una señal de que el aire está contaminado. Es especialmente importante evitar estar en lugares contaminados con humo de cigarrillo antes y después de ejercitarnos. |